Guatemala y El Salvador, donde la cooperación se encuentra con la vida
Cada misión a terreno es mucho más que una agenda de trabajo. Es una oportunidad para mirar de frente los resultados de los procesos que abordamos con nuestros proyectos, escuchar las voces de las comunidades y confirmar que la cooperación, cuando se hace desde el respeto y la escucha, se convierte en una herramienta de transformación real.
Durante nuestra reciente misión a Guatemala y El Salvador, el equipo de la Fundación ha compartido semanas de aprendizaje, diálogo y evaluación junto a nuestros socios locales de CEDEPEM, Municipalidad de San Sebastián Coatán, MEJORHA y CIDEP. Más que revisar indicadores o visitar infraestructuras, esta misión fue un viaje humano y profundo, que nos permitió reconectar con las personas titulares de derechos que dan sentido a cada proyecto y constatar cómo los procesos apoyados por la cooperación internacional se traducen en vidas que se desarrollan con mayor autonomía y esperanzadas.

Guatemala: el pulso de las montañas
Nuestro recorrido por Guatemala comenzó en el altiplano occidental, donde el aire frío de las montañas se mezcla con la calidez de las comunidades mayas k’iche’ de Totonicapán, Quetzaltenango, Sololá y Cantel. Allí, junto a CEDEPEM, pudimos conocer de cerca el impacto del Modelo Ixmucané, una estrategia integral que combina economía feminista, desarrollo local y gobernanza comunitaria.
Nos reunimos con mujeres lideresas que hoy coordinan cooperativas, gestionan créditos productivos y participan en espacios de decisión política. Su fuerza y claridad nos recordaron que no hay desarrollo posible sin el liderazgo de las mujeres.
Entre los proyectos visitados, destacan los impulsados con apoyo de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AACID) y diversas administraciones andaluzas como los ayuntamientos de Málaga, Sevilla y Granada y las diputaciones de Sevilla y Cádiz. Todos ellos comparten un mismo hilo conductor: promover la autonomía económica de las mujeres, mejorar el acceso al agua, la educación y la salud, y fortalecer la organización comunitaria.
Altamira Pok: una escuela que ya late
Uno de los momentos más inspiradores de la misión fue la visita a las obras de construcción de la escuela de Altamira Pok, en el municipio de San Sebastián Coatán, financiada por la Junta de Castilla-La Mancha.
Allí, entre montañas cubiertas de neblina, el sonido de los martillos se mezcla con las risas de las niñas y niños que pronto estrenarán sus aulas. La nueva infraestructura contará con aulas amplias, cocina escolar con estufa ecológica, servicios sanitarios con biodigestor, mobiliario adaptado y sistema de agua potable.
Más que una obra física, esta escuela representa una victoria colectiva de la comunidad, que ha participado activamente en el proceso de construcción, aportando mano de obra, materiales y vigilancia para que el sueño se haga realidad. La educación es el hilo que une generaciones y la esperanza que florece incluso en los caminos más remotos.

En las comunidades de Coatán: agua, salud y energía para la vida
En las aldeas de Quiquilum, San José y Poy, acompañamos los proyectos de acceso al agua y salud ambiental que benefician a cientos de familias. A través de sistemas de estufas ecológicas y recolección de agua de lluvia, las mujeres principalmente de estas comunidades han reducido el tiempo dedicado a las tareas domésticas y las enfermedades respiratorias y gastrointestinales han disminuido notablemente.
Las niñas y niños ahora pueden estudiar sin humo en sus casas y las familias disfrutan del agua limpia sin recorrer largas distancias. La cooperación se vuelve tangible cuando se transforma en bienestar, salud y tiempo para vivir.
Jocotán y la región Chortí: caminar con MEJORHA
En el corredor seco del oriente guatemalteco, trabajamos junto a nuestra contraparte MEJORHA, recorriendo comunidades como El Nanzal, Guayabillas, Plan Tierra Blanca, Talquezalito y Candelero. En esta zona, golpeada por la pobreza y la falta de agua, la cooperación se ha convertido en una semilla de resiliencia.
Los proyectos implementados con el apoyo de Diputaciones como Córdoba, Valladolid y el Cabildo de Tenerife, y de ayuntamientos como Valladolid y Ciudad Real, han permitido mejorar las condiciones de vida mediante la instalación de sistemas de recolección de agua de lluvia, módulos sanitarios integrales, cocinas ecológicas y huertos escolares, así como el fortalecimiento de centros comunitarios de salud.
Allí conocimos a Claudia Morales, directora de la escuela de El Nanzal, que cada día recorre más de hora y media a pie para llegar a su escuela. Su compromiso resume el sentido más profundo de la cooperación: hacer posible que el conocimiento y la esperanza lleguen incluso a los lugares donde el camino parece intransitable.
En cada escuela visitada, encontramos huellas de cambio: niñas que aprenden a cultivar, madres que gestionan comités de agua, jóvenes que se forman como promotores ambientales. En Jocotán comprendimos que el desarrollo no llega desde fuera: se construye desde dentro, cuando la comunidad se reconoce protagonista de su propio destino.

El Salvador: comunidad, memoria y futuro compartido
En El Salvador, junto a nuestra contraparte CIDEP, visitamos los municipios de Nejapa y Tecoluca, donde desarrollamos distintos proyectos centrados en la educación, la seguridad alimentaria, los derechos humanos y la atención integral a las personas adultas mayores, con el apoyo del Gobierno de Canarias y de los ayuntamientos de Ciudad Real y Coslada.
El trabajo de CIDEP con las personas adultas mayores es profundamente inspirador. En las comunidades del distrito de Nejapa, pudimos comprobar cómo los proyectos impulsados por la cooperación se traducen en bienestar tangible y también en un renacer personal y colectivo. A través de huertos comunitarios, crianza de aves, jornadas de salud integral, talleres de nutrición, autocuidado y salud mental, se fortalece no solo la seguridad alimentaria, sino también la autoestima, la participación y el sentido de pertenencia de un grupo de población históricamente invisibilizado.
Mujeres y hombres que ya han concluido su etapa laboral activa encuentran aquí un nuevo impulso vital. Siguen aportando a su comunidad desde la experiencia, enseñan a los más jóvenes y se sienten nuevamente parte del tejido social. Como ellos mismos nos expresaron, “ya no somos los que esperan, somos los que hacemos”.
En los huertos de Las Américas y La Tabla, apoyados por el Ayuntamiento de Coslada, la cooperación se convierte en una herramienta para garantizar la alimentación, promover hábitos saludables y generar espacios de convivencia intergeneracional. La agricultura comunitaria se transforma así en una práctica educativa y sanadora, que une generaciones y fortalece el compromiso con el entorno.
En el municipio de Tecoluca, gracias al apoyo del Ayuntamiento de Ciudad Real, acompañamos el proyecto “Derecho a la Educación Inclusiva y de Calidad”, que está promoviendo el derecho a la educación a través del equipamiento de aulas y laboratorios, la reactivación del aula de informática del Instituto Técnico de Tecoluca, y la creación de un huerto escolar en el Centro Escolar Rancho Grande.
A ello se suman talleres de arte y cultura de paz dirigidos a jóvenes, docentes y familias, que están fortaleciendo el vínculo escuela-comunidad y promoviendo una convivencia más respetuosa e inclusiva.
Estos proyectos demuestran que la cooperación puede transformar la idea misma del desarrollo humano: no se trata solo de ofrecer recursos, sino de abrir caminos de participación, aprendizaje y dignidad.
En cada visita, en cada conversación, sentimos esa mezcla de serenidad y entusiasmo que nace del trabajo bien hecho. Personas mayores, docentes, jóvenes y liderazgos comunitarios que han encontrado en estos programas no una ayuda, sino una oportunidad para reconstruir la confianza, la autonomía y la esperanza.
Allí, entre cultivos, sonrisas y afectos, comprendimos que la cooperación bien entendida pone la vida en el centro: la vida en todas sus etapas, en todas sus formas, en todos sus significados.

Aprender desde el encuentro
Cada reunión institucional, cada conversación con las municipalidades, cada entrevista con docentes o beneficiarias fue una lección de humildad. Nos recordaron que cooperar no es ir a enseñar, sino ir a aprender con. Que los mejores proyectos son los que se diseñan juntos, con la mirada y la voz de quienes los viven.
Regresamos con la mochila cargada de historias, sonrisas y aprendizajes: el abrazo de las maestras que enseñan en condiciones adversas, la alegría de una madre que por primera vez abre un grifo en su casa, la risa de los niños que beben agua limpia o estrenan su aula nueva.
Esta misión nos reafirma en algo que sentimos en cada viaje: la cooperación no es caridad, es justicia; no es discurso, es encuentro; no es un viaje, es un proceso compartido.
Seguiremos trabajando junto a CEDEPEM, MEJORHA, CIDEP y el resto de los socios locales con los que trabajamos en estos y otros países, fortaleciendo las alianzas que hacen posible que la solidaridad se convierta en oportunidades concretas.
Gracias a todas las personas que abren sus casas, sus escuelas y sus corazones. Gracias a quienes, desde la distancia, lo hacen posible. Porque el futuro se escribe en plural, y se construye paso a paso, comunidad a comunidad.

#SIÉNTETEMADRAZO
