BOLIVIA: CAMINAR EL TERRITORIO, SOSTENER LOS PROCESOS, RENOVAR EL COMPROMISO

Nuestra última misión en Bolivia ha sido, ante todo, un ejercicio de presencia y escucha. Volver a los territorios, recorrer comunidades, sentarnos a conversar con mujeres organizadas, familias, liderazgos comunitarios, autoridades locales y organizaciones socias nos ha permitido hacer algo esencial en cooperación internacional: mirar los procesos de cerca, con honestidad, reconociendo avances, límites y desafíos compartidos.

A lo largo de la misión visitamos proyectos vinculados al derecho humano al agua y al saneamiento, a la seguridad alimentaria, al empoderamiento económico de las mujeres y al fortalecimiento organizativo comunitario en distintos municipios de Cochabamba y Potosí. En todos ellos encontramos un hilo común: cuando la cooperación se construye desde la participación real, el enfoque de género y el acompañamiento sostenido, los resultados trascienden la infraestructura o la capacitación técnica y se convierten en transformaciones profundas en la vida cotidiana de las personas.

En comunidades rurales de Tiquipaya, Mizque y Torotoro comprobamos cómo el acceso al agua potable no solo mejora la salud, sino que libera tiempo, reduce desigualdades y fortalece la organización comunitaria; cómo los procesos educativos en higiene, salud menstrual y corresponsabilidad generan cambios duraderos en las relaciones familiares; y cómo el trabajo con mujeres campesinas impacta directamente en la seguridad alimentaria y en la economía de las familias. Todo ello es posible gracias a alianzas sólidas con organizaciones locales como CEDESCO, los gobiernos municipales y, sobre todo, el compromiso activo de las propias comunidades.

Torotoro: cuando el conocimiento transforma los equilibrios

Uno de los momentos más significativos de la misión fue la visita a las comunidades de mujeres criadoras de ganado ovino en el municipio de Torotoro, donde la Fundación ha acompañado el proyecto de mejora de la cría de ganado ovino, financiado por la Diputación de Guadalajara.

Antes del inicio del proyecto, las mujeres asumían el trabajo más duro y cotidiano: sacar diariamente el ganado a pastar, alimentarlo y cuidarlo. Sin embargo, las tareas consideradas más “cualificadas” como la sanidad animal, la asistencia a los partos, el manejo reproductivo, estaban reservadas exclusivamente a los hombres. Este reparto desigual de funciones generaba una dependencia estructural y mantenía un estatus de privilegio masculino dentro de la comunidad.

El proceso formativo y el acompañamiento técnico han cambiado de forma profunda esta realidad. Hoy, las mujeres dominan también las tareas veterinarias y reproductivas, toman decisiones sobre la mejora genética del ganado y participan en igualdad de condiciones en su gestión. Este cambio, aparentemente técnico, ha tenido un impacto social enorme: se ha generado un nuevo equilibrio comunitario, basado en la corresponsabilidad, el reconocimiento mutuo y una mayor autonomía de las mujeres dentro de sus familias y comunidades.

Un proceso vivo que necesita seguir creciendo

Durante nuestra visita, las propias mujeres lo expresaron con claridad y serenidad: el proyecto ha supuesto un antes y un después en sus vidas, pero necesita consolidarse para ser sostenible en el tiempo. Para ello, nos trasladaron la necesidad de ampliar el número de cabezas de ganado, especialmente machos reproductores, fundamentales para mejorar la genética, aumentar la productividad y garantizar ingresos estables para sus familias.

No se trata de iniciar algo nuevo, sino de profundizar un camino que ya ha demostrado su enorme impacto social, económico y comunitario. Un camino que ha evidenciado que cuando las mujeres acceden al conocimiento, a los medios de producción y a la toma de decisiones, los beneficios alcanzan a toda la comunidad.

Un llamamiento a la colaboración

Desde la Fundación Dr. Manuel Madrazo queremos hacer un llamamiento claro y honesto a la colaboración. Si quieres ayudar a esta comunidad de mujeres de Torotoro a consolidar el proceso iniciado, puedes hacerlo a través de una aportación voluntaria. Tu apoyo contribuirá directamente a ampliar el número de cabezas de ganado, especialmente machos reproductores, y a garantizar que los avances logrados en autonomía, equidad y sostenibilidad no se detengan.

Cada gesto suma. Porque detrás de cada aportación hay familias, aprendizajes y un futuro que se construye desde la dignidad, el trabajo compartido y la cooperación entendida como camino común.

#SIÉNTETEMADRAZO