FORMARSE PARA COOPERAR

Balance de la 1ª Microcredencial en Competencias Profesionales para la Cooperación Internacional

La primera edición de la Microcredencial en Competencias Profesionales para la Cooperación Internacional para el Desarrollo ha supuesto mucho más que la puesta en marcha de una oferta formativa novedosa. Ha sido, en muchos sentidos, la apertura de un espacio compartido entre universidad y sociedad civil para pensar, aprender y profesionalizar un ámbito tan exigente como necesario: el de la cooperación internacional. Impulsada gracias a la colaboración entre la Universidad Pablo de Olavide y la Fundación Madrazo, esta microcredencial nació con una vocación clara: contribuir a la formación de personas capaces de analizar, diseñar, gestionar y evaluar intervenciones de cooperación desde una mirada técnica, estratégica y profundamente ética.

No se trataba solo de ofrecer contenidos. Se trataba de responder a una necesidad real. La cooperación internacional se desarrolla hoy en un contexto marcado por crisis climáticas, desigualdades persistentes, conflictos, transformaciones digitales y marcos políticos e institucionales cada vez más complejos. En ese escenario, la vocación y el compromiso siguen siendo imprescindibles, pero ya no bastan por sí solos. El sector exige formación especializada, actualización permanente, capacidad analítica, conocimiento de herramientas concretas y una comprensión crítica del ecosistema multinivel en el que se mueve la cooperación contemporánea. Precisamente ahí ha querido situarse esta primera edición.

La microcredencial, planteada como Curso de Desarrollo Profesional Avanzado dentro de la línea estratégica de Contextos Internacionales, se impartió en modalidad virtual, con una carga total de 6 créditos ECTS y 45 horas de formación, desarrolladas entre el 13 de octubre de 2025 y el 20 de febrero de 2026. Su diseño modular, apoyado en el aula virtual de la Fundación UPO, permitió combinar sesiones teóricas, estudios de caso, actividades prácticas, espacios síncronos de resolución de dudas y un trabajo final orientado a la formulación de propuestas innovadoras en materia de cooperación internacional.

Uno de los grandes valores de esta primera edición ha sido, sin duda, la pluralidad y solvencia del equipo docente. La formación ha reunido a profesorado universitario y a profesionales en activo de organizaciones sociales, administraciones públicas, entidades internacionales y redes de cooperación, configurando un panel docente especialmente rico y conectado con la práctica real. El alumnado ha podido acercarse a los fundamentos de la cooperación internacional de la mano de José Luis Siguil, director de CEDEPEM en Guatemala; analizar el papel de los actores clave del sistema junto a Emilio Rabasco, desde FAMSI; profundizar en las modalidades de cooperación con Micaela López; abordar la Agenda 2030 y los ODS con María Luisa Iglesias; y reflexionar sobre los desafíos actuales de las ONGD con Virginia Sánchez y Alejandro Duarte, desde ASONGD. A ello se sumó una sesión síncrona con Carmen Vélez, vinculada a la AACID, que permitió acercar al alumnado la dimensión institucional de la cooperación andaluza.

Ese primer módulo, centrado en los fundamentos de la cooperación internacional, permitió al alumnado comprender la evolución histórica del sector, la diversidad de actores implicados, la complejidad de sus relaciones y los principales debates que atraviesan hoy este campo de intervención. Fue una base necesaria para avanzar hacia un segundo bloque donde la microcredencial puso el foco en algo especialmente relevante: las metodologías y herramientas para la intervención.

En este terreno, la formación abordó cuestiones tan centrales como el ciclo del proyecto, la identificación de necesidades, el diagnóstico participativo, el Enfoque de Marco Lógico, la Teoría del Cambio, las fuentes de financiación, la gestión de subvenciones, el seguimiento, la justificación y la evaluación de proyectos. Lo hizo, además, con la participación de profesionales y entidades con amplia experiencia en terreno y en análisis crítico, como Merardo Pozo, desde CEDESCO Bolivia; Ángel Huélamo, con una larga trayectoria en cooperación y salud; Francisco Molina, desde Paz y Bien; María Burgos, responsable del área de educación de InteRed Andalucía; o Bernardo González, docente e investigador de la Universidad de Chile, que aportó una mirada especialmente valiosa sobre derechos humanos, memoria, inclusión y transculturalidad.

Este enfoque permitió que la microcredencial no se quedara en una aproximación abstracta o meramente conceptual. Al contrario, buscó en todo momento que el alumnado pudiera traducir conocimientos en capacidades operativas. De ahí la importancia de las actividades prácticas incluidas a lo largo del curso: mapas de actores, análisis comparativos, simulaciones de diagnóstico participativo, elaboración de marcos lógicos simplificados, búsqueda y análisis de convocatorias, ejercicios de justificación final de proyectos o propuestas de mejora desde distintos enfoques transversales.

Un tercer eje fundamental de la microcredencial ha sido la incorporación de los enfoques transversales que hoy resultan imprescindibles en una cooperación transformadora. No como añadidos formales, sino como dimensiones centrales de cualquier intervención seria. En este sentido, el curso dedicó sesiones específicas al enfoque basado en derechos humanos, la perspectiva de género, la sostenibilidad ambiental y la acción climática, la participación comunitaria y el fortalecimiento institucional, las estrategias de sensibilización y educación para el desarrollo, así como la innovación social y la digitalización. Entre las personas docentes que hicieron posible este recorrido se encuentran Ángeles Sepúlveda, Raúl Puente, Marco Luis Gómez, Esther Prieto y Luis López Catalán, este último vinculado a UNICEF.

Esta dimensión transversal resulta especialmente relevante porque conecta con una idea de fondo que ha atravesado todo el curso: la cooperación internacional no puede entenderse hoy como un simple mecanismo de transferencia de recursos, sino como una práctica compleja que debe incorporar derechos, participación, sostenibilidad, enfoque crítico y capacidad de adaptación a contextos muy diversos. En ese sentido, la microcredencial ha apostado por una visión de la cooperación alejada del asistencialismo y más cercana a la transformación social, el fortalecimiento comunitario y la construcción de alianzas.

Junto a ello, el cuarto módulo se centró en las habilidades y competencias para el ejercicio profesional en cooperación internacional. Se trabajaron cuestiones como el trabajo en equipo, el liderazgo, la gestión de conflictos, la comunicación efectiva, las herramientas para la difusión, la seguridad personal y grupal en terreno y las oportunidades profesionales dentro del sector. Aquí participaron docentes y profesionales como Almudena Martínez, May Muñoz, Rocío Cruz, Luis Torrero y Ángel Domínguez, este último aportando una sesión especialmente útil sobre empleabilidad, perfiles profesionales, estrategias de acceso al sector y competencias demandadas desde la práctica institucional.

La formación se cerró, además, con un proyecto final optativo, coordinado por Juan Antonio Barrionuevo, orientado al diseño de una idea o propuesta innovadora en cooperación internacional. Esta actividad no solo permitía aplicar los conocimientos adquiridos, sino también abrir una conexión directa entre formación y práctica, ya que las propuestas mejor valoradas podían llegar a ser consideradas para la selección de voluntariado en misiones de evaluación de proyectos de la Fundación Madrazo.

Todo este recorrido ha sido posible gracias a una estructura de dirección y coordinación que ha dado coherencia al conjunto. La dirección académica, asumida por Esther Prieto Jiménez, profesora titular de la UPO y referente en Educación para el Desarrollo; la dirección ejecutiva de Juan Antonio Barrionuevo Fernández, desde la Fundación Madrazo; y la coordinación de Janice Fernández Ellston, estudiante de Educación Social y colaboradora en el Departamento de Educación y Psicología Social de la UPO, han sido claves para dotar a esta primera edición de rigor académico, conexión con el sector y una cuidada articulación pedagógica y organizativa.

Pero más allá de la estructura formal, de los módulos o de los contenidos, hay algo que merece ser destacado con especial claridad: esta microcredencial ha sido, sobre todo, un proyecto colectivo de aprendizaje. Un espacio donde el conocimiento técnico se ha entrelazado con preguntas éticas, reflexión crítica y voluntad de compromiso. Un lugar donde la cooperación ha podido pensarse no solo como salida profesional, sino también como práctica exigente que requiere formación sólida, capacidad de escucha, mirada global y responsabilidad social.

Ese es, seguramente, uno de los principales balances de esta primera edición. Haber contribuido a crear un espacio universitario donde la cooperación internacional se entiende como lo que realmente es: un ámbito profesional complejo, interdisciplinar, en permanente transformación y profundamente vinculado a la justicia social, el desarrollo comunitario y la defensa de los derechos humanos. Un ámbito que necesita personas preparadas, sí, pero también dispuestas a seguir aprendiendo, cuestionando y construyendo colectivamente.

La valoración positiva de esta primera experiencia anima a seguir caminando. A consolidar nuevas ediciones, a seguir fortaleciendo la alianza entre universidad pública y sociedad civil organizada, y a continuar abriendo espacios formativos donde la cooperación no se aborde desde la retórica, sino desde la práctica, el análisis, la innovación y el compromiso.

La primera edición ha sido solo el comienzo. El camino, afortunadamente, continúa.

#SIÉNTETEMADRAZO